La Valencia que fue... hace 300 años: el mercado y su entorno
Vamos a realizar un sencillo ejercicio: sobre la base del plano de Tosca de 1704 identificaremos edificios hoy desaparecidos. Después los "borraremos" del plano, como si el célebre religioso y cartógrafo jamás los hubiese dibujado.
De esta forma tan gráfica representaremos el vacío que cada uno de estos lugares ha dejado en la memoria de su tiempo.
Primero, el plano de Tosca, marcado con algunas referencias actuales para que el lector se oriente.
A continuación, sobre el mismo plano, hemos marcado cinco lugares que ya no existen. No son, en cualquier caso, los únicos cambios que habría que marcar pues en tres siglos ha habido más transformaciones.
¿Qué estamos viendo:
1- Convento de la Merced, 2- Convento de Magdalenas, 3- Cementerio parroquial de la iglesia de los Santos Juanes, 4- Convento del Pie de la Cruz, 5- Palacio de Parcent.
Ahora, hagamos como si nunca hubiesen existido:
¿En qué circunstancias desaparecieron?
1- El Convento de la Merced fue desamortizado en el siglo XIX y como tal, enajenado a la iglesia y subastado a beneficio de la Hacienda Pública. Se convirtió en objeto de especulación urbanística y dejó paso a edificios de vivienda. Puedes conocer su historia en nuestro libro La Valencia que fue.
2- El Convento de Magdalenas corrió una suerte similar a la de su vecino. Su solar acabó dedicado a la construcción del Mercado Nuevo. En la actualidad se levanta sobre él el Mercado Central de Valencia. Puedes saber más sobre el Mercado Nuevo en La Valencia que fue.
3- Avanzado el siglo XIX el Ayuntamiento advirtió que la presencia en la ciudad de cementerios urbanos podía resulta insalubre, por lo que fue clausurado y los restos, removidos. Sus terrenos los ocupan hoy edificios de vivienda.
4- El Convento del Pie de la Cruz fue saqueado e incendiado y quedó en estado ruinoso durante la Guerra Civil.
5- El Palacio de Parcent, ta y como relatamos en La Valencia que fue aún existía en 1965, soportando más de un siglo de dejadez pública y privada. Ese año se desplomó parte de su fachada y el hecho, que provocó la muerte de una viandante, selló su destino. Fue derribado para dar paso a un aparcamiento subterráneo, el primero de Valencia, y un jardín.





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